
ANDRÉS ORELLANA
En diversos proyectos, he integrado deliberadamente herramientas de Inteligencia Artificial, entre ellas la más es famosa ChatGPT.
He observado que en áreas fuera de mi especialización, la IA ofrece resultados notables, brindando contenido y orientación valiosos. Sin embargo, en dominios de mi experticia, he detectado errores y una capacidad limitada de adaptación y profundización por parte de estas herramientas.
Esta disparidad sugiere una interesante dualidad: la IA es más impresionante en campos desconocidos para nosotros y parece tener limitaciones en áreas donde nuestra experticia es profunda.

Imágen creada por IA: DALL-E
Esta experiencia me llevó a una reflexión crucial: ¿Es la IA menos entrenada en áreas de mi dominio, o es mi propio conocimiento el que resalta sus deficiencias?
Aquí radica un punto fundamental: la IA, en su estado actual, no reemplaza la experiencia humana, sino que la complementa, revelando sus fortalezas y debilidades a través de nuestro propio lente de conocimiento.
Esta percepción me lleva a definir mi enfoque hacia la IA. Considerandola un increíble asistente, que requiere orientación y supervisión continua.
Mi papel es de educarla configurarla correctamente para que se alineen mejor con mis necesidades, comprendiendo que siempre requerirá de mi intervención y criterio experto.
Los líderes actúan como catalizadores en nuestro desarrollo, ofreciendo no solo conocimientos, sino también experiencias y perspectivas que enriquecen nuestro viaje.
Esta dinámica es fundamental para entender cómo un líder no solo dirige, sino que también empodera y facilita el crecimiento personal y profesional de los individuos.
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